Beneficios de tener un perro para los niños

A menudo los padres pensamos en los beneficios de tener un perro para los niños y acabamos llevando un cachorro a la familia para enseñarles el sentido de la responsabilidad, o tal vez solamente para ofrecerles un compañero de juegos.

Sin embargo, a menudo los niños aprenden lecciones más fundamentales acerca de sí mismos y el mundo. El cachorro les enseña a empatizar con los demás, la manera de entender los sentimientos más sutiles, compartir las emociones ajenas y contemplar el mundo desde una perspectiva muy diferente del egoísmo.

No obstante, no todo es idílico en la relación que se entabla entre niños y perros. Una situación típica podría ser la de un cachorro rodeado de un grupo de niños alborotadores que le gritan, acarician y tiran de las orejas todos a un tiempo.

Si conoces las expresiones corporales de los perros verás que es un animal asustado, que tiembla con las orejas gachas y la cola entre las patas. Es primordial, si queremos que el cachorro confíe en los niños, que se dé un contexto positivo entre ambos. Y es responsabilidad de los padres educar a sus hijos para que desarrollen un comportamiento ético con los animales.

Educando a los niños en el respeto a los animales

La niñez es un periodo de la vida tremendamente receptivo, por ello padres y educadores tratan de influir positivamente sobre ese periodo.

No es necesario educar al niño para que le gusten los animales, el niño siente espontáneamente ternura y sensibilidad hacia estos, pero si será preciso educar en el respeto del que son merecedores. Curiosidad y simpatía por los animales son sentimientos naturales en la infancia, es una atracción que madurará o terminará desapareciendo según la influencia que los padres y educadores ejerzan sobre el niño. Enseñarle que debe respetar la vida de los animales, su dignidad y darles buen trato es la mejor manera de mostrarles el camino correcto.

Es tarea de los padres fomentar en sus hijos el interés y el amor por los animales, una educación basada en el respeto y el trato responsable. Ello redundará a favor de los animales pero también del niño y de la sociedad, y por supuesto, expondrá los beneficios de tener un perro para los niños.

Sería difícil encontrar pedagogos, psicólogos o maestros que no admita la importancia trascendental de educar a la infancia en los valores de respeto a la naturaleza y a todos los seres vivos. Es muy importante que los niños desde pequeños aprendan a través de sus padres a respetar y valorar a las mascotas.

El amor por las mascotas les llevará a amar y respetar el mundo y actuar en correspondencia con estos sentimientos, contribuyendo a su cuidado y preservación. Con gestos tan sencillos como no utilizar las mascotas de regalo en un cumpleaños o fiestas, estamos ayudando a la transformación mental de nuestros hijos desde la infancia hacia un respeto a la vida y la dignidad de los seres vivos.

Si queremos alcanzar una sociedad justa, mentalmente sana y civilizada, empecemos en el hogar y ayudemos a nuestros hijos a desarrollar una ética humanitaria que nos permita determinar el comportamiento adecuado e inadecuado hacia los animales y hacia ellos mismos.

Niña juega con perrito westy en el jardín

El perro no es el jefe

El perro ha de reconocer qué puesto social ocupa en casa y qué cosas le están permitidas hacer y cuáles no.

Es la familia la que le otorga un puesto en el escalafón familiar, que por lógica es el último. Incluso el niño más pequeño es un jefe al que debe someterse y al que debe expresar obediencia y respeto. Los perros aceptan con naturalidad y alegría este último puesto en el escalafón y viven sin dificultad su feliz existencia de mascotas.

Pero lamentablemente algunas situaciones pueden confundir al perro. La frase “es uno de los nuestros” señala un tipo de comportamiento en el que los individuos de un mismo bando se apoyan y defienden mutuamente de sus adversarios, aún ante un comportamiento injusto o delictivo del compañero. 

Cuando un padre reprende a su hijo el perro se va a posicionar siempre al lado de su amo (el padre) y le brindará su apoyo. Si esta situación se repite con frecuencia y en especial si regaña al niño por haber molestado al perro, el perro puede llegar a sentirse con derecho a corregir al niño. Y lo hará como los perros se corrigen entre sí, con una dentellada, que aunque no sea directamente agresiva sino de advertencia, ocasionará daño físico y psicológico al niño. Los padres deben evitar toda regañina a su hijo delante del perro, aunque el niño sea el culpable de molestar al animal. Situándose junto al niño para hacer patente el apoyo paterno al pequeño, ordenará salir al perro de la habitación.

A continuación reprenderá al niño en el modo correcto que lo hagan habitualmente. Los niños deberán aprender también ciertas enseñanzas que ayudarán a que su relación con los canes se desarrolle por cauces de naturalidad y equilibrio. Para ello corresponde a los padres enseñarles el lenguaje corporal canino. Los perros tienen la facultad de utilizar todo su cuerpo para transmitir información, pero son esencialmente las orejas, la cola, los ojos y el hocico los principales emisores de mensajes.

La mayoría de las señales corporales del perro están relacionadas con su existencia y escalar puestos en la jerarquía social, ya que una parte importante de la vida de nuestro perro se desenvuelve entre dominar o ser dominado. El dominio forma un universo importante en la vida de los perros, puesto que garantiza mayor accesibilidad a la comida y el apareamiento.

Niño posando a cámara junto a su perro

Educar al perro sin miedo

Los perros no son animales peligrosos, nunca atacan sin razón evidente para ello. Por tanto, no cabe inculcar a los niños un miedo nacional hacia ellos, cosa que por desgracia se da con demasiada frecuencia. Como el perro responde con agresividad ante determinados estímulos, que se han conocido gracias a la etología, es fácil prever en qué situaciones el niño no debe aproximarse al animal.

Debe enseñarse al niño como comportarse con los perros en situaciones de este tipo:

  • Prohibido penetrar en zonas valladas en las que hay perros sueltos.
  • Prohibido acariciar a perros encadenados.
  • Prohibido acercarse a una hembra que tenga camada.
  • Prohibido intentar separar a los perros que se pelean, aunque uno de ellos sea el propio.
  • Prohibido tocar un perro malherido o enfermo.
  • Prohibido acercarse a un perro que come o roa un hueso.

Son situaciones extremas, pero también es educar al niño en aquellas otras que surgen en el trato diario con su mascota: no molestar a su perro cuando está comiendo, no ofrecerle en la mesa pedazos de su comida, no compartir el bocadillo con el perro, respetar las horas de sueño del animal, etc. 

Los padres pueden encargar al niño que lleve a cabo pequeñas sesiones de adiestramiento con su mascota, utilizando una golosina como premio lo que se conoce como educación en positivo y sin castigar ni regañar al animal, con sumo cuidado porque los niños se muestran a veces muy vehementes con él cuando les desobedece, pueden ir enseñándole trucos como sentarse o tumbarse a la orden o dar la pata.

Niños y perros, un tándem perfecto

La afición al juego es un rasgo muy acusado de la personalidad canina. Desde cachorro el perro consigue con sus juegos atraer la atención de las personas, por lo que esta inclinación natural se ve reforzada a lo largo de su vida. Y los cachorros aprenden a disfrutar y compartir sus juegos con las personas.

Algo que tienen en común los niños con los perros es una tendencia natural hacia el juego espontáneo. Ambos usan para jugar todo lo que les rodea, cualquier objeto puede convertirse en el instrumento principal del juego. Jugar no solo proporciona placer, es necesario además para un mejor desarrollo cognitivo y emocional de niños y perros, por ello los padres deben favorecer su realización. Todos los juegos deben iniciar y terminar por voluntad del niño.

Especial precaución de los padres con los juegos competitivos, como los de dominancia en los que el perro y el niño tiran de extremos opuestos. Un cachorro es un magnífico compañero de juegos para cualquier niño manteniendo los elementales cuidados educativos.

Bebé junto a su perro. Descubriendo el mundo juntos.

Razas de perros para niños

Entre las ideas tradicionales imperantes sobre los perros una de las más difundidas en la existencia de razas con especiales afinidades hacia los niños. Lo cierto es que no existen razas caninas con más simpatía por los niños que otras, pero si razas cuyo temperamento es más estable, su instinto de dominancia es menor, son menos jerárquicas y por consiguiente más tolerantes con las travesuras infantiles.

Pero tan importante como el patrimonio genético de la raza están los aprendizajes adquiridos por cada perro individualmente, especialmente en ese periodo primordial que son los primeros meses de vida. Todo perro aprende a amar a los niños si desde cachorro tiene una estrecha relación con ellos.

Creer que determinada raza va a ser muy tolerante con el niño suele acarrear una mayor dejadez y falta de control en la educación del animal, algo muy perjudicial para la convivencia pacífica.

La mejor manera de que un perro sea tolerante con los niños es que desde cachorro sea manipulado, acariciado y abrazado por un gran número de niños.

Niña viendo junto a su perro un álbum de fotos.

Enseñanzas de los perros a los niños

Comunicación

Los niños aprenden espontáneamente a distinguir y comprender las señales sutiles que su cachorro les da para indicar sus sentimientos. Más tarde al crecer, aplican estas lecciones a su interacción humana.

Serán jóvenes y adultos más sensibles a la comunicación no verbal de los otros.

Empatía

El niño siente de forma natural curiosidad por toda la gama de emociones que sus mascotas sienten. Con el tiempo esta curiosidad se va extendiendo hacia los demás. El perro actúa como una vía para que los niños exploren los sentimientos ajenos y adquieran un mayor compromiso por el mundo que le rodea.

Cultivar habilidades

Bajo la supervisión y control de sus padres los niños aprenden a cuidar de otro ser vivo, y se sienten felices de mantener a su perro sano, educado, bien alimentado y feliz.

Confianza

Los perros incrementan la confianza del niño en sí mismo, ya que nunca le juzgan. El niño crece en un mundo competitivo lleno de retos que también pueden afectarle al verse en una constante lucha por no fracasar. Los perros no le obligan a competir para ser el mejor, le dan al niño el sentido de una aceptación incondicional.

Comprensión de los cambios

En todas aquellas situaciones que suponen cambios profundos en la vida infantil, y en muchos casos experiencias traumáticas como puede ser la muerte de un familiar o la llegada de un hermano, la presencia de un perro como compañero le ayudará a confiar y aceptar positivamente esos cambios. Tener un perro les hace sentir una continuidad en su vida. 

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